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La modificación más importante para
la conectividad del territorio fue el inicio, durante el reinado
de Carlos III, en el año 1763, de la construcción
de la nueva carretera que unía Barcelona con Vilafranca,
un eje que marcó la evolución futura del núcleo
urbano de Sant Feliu.
Con la construcción de la nueva carretera
aparece el puente de Molins de Rei, que desplaza las antiguas barcas.
Durante este siglo se produjo un incremento demográfico.
La población, que oscilaba hasta entonces en torno a los
500 habitantes, se triplicó y Sant Feliu llegó a tener
1.579 vecinos el año 1789.
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